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Realmente e históricamente no es la segunda alerta ambiental en nuestra Isla. Lo he titulado así pues fue el segundo artículo más antiguo que me tope cuando trabajaba como estudiante en la biblioteca de la Universidad de Puerto Rico que llamaba a protejer el ambiente.

En este caso es un artículo de la revista de agricultura Tierra y Patria del 1 de mayo de 1935, títulado “No destruyamos nuestros bosques”. Señala el autor, Francisco Lucca,  que la siembra de caña por parte de las grandes corporaciones destruyeron miles de cuerdas de bosques y que esto ha tenido consecuencias en el clima como lo son  las prolongadas sequías.

Escribe Francisco Lucca en su artículo refiriendose a la belleza natural del nuestra Isla “…y montañas del país, al correr los años, han venido siendo derribados  por puertorriqueños sin conciencia y sin escrúpulos, con fines mercenarios, sin fijarse en las consecuencias fatales…”. Señala a las grandes 3corporaciones azucareras como las culpables de estos desastres ambientales  y cito: “A grito de propaganda: ‘Tumben los bosque y siembren caña de azúcar; conviértansen de pobres en hombres rico sembrando caña de azúcar’, fueron derribados los bosques maderables y los espesos cafetales de situación más próxima a las centrales. Así comenzó la destrucción de los bosques de Puerto Rico”.

Finaliza Lucca indicando  como el huracán San Felipe de 1928 terminó destruyendo lo que nos quedaba virgen, la montaña cafetalera. Miles de cuerdas de café y bosque quedaron en el piso, miles campesinos a la interperie sin saber a donde diriguirse. Ante esta situación se permitió la construcción de la “chimbas” para producir carbón de las maderas de los árboles caídos por el huracán. El autor describe como lamentablemente las “chimbas ” fueron tomando parte del paisaje, indica a continuación: “….cuyo humo blanco-gris asciende de los bosques y se extiende por el espacio, se produce el grito de dolor que hace llegar a nosotros la madre naturaleza en son de protesta, como también llorando su amargura por nuestra indiferencia cuando  vemos desaparecer en forma de espiral en el espacio nuestras riquezas naturales: los bosques, la fertilidad de nuestra tierra, la belleza de nuestros paisajes y las aguas de nuestros ríos”.

Es increíble que luego de los mensajes de alerta en el siglo XIX yXX,  continuemos hoy con el dilema de progreso vs. la conservación de nuestros recursos naturales.  A pesar de la gallardía de nuestra Isla en mantener vivos sus ríos y bosques, si no protegemos lo que nos queda muy pronto no habrá nada que conservar, beber ni respirar.

Enlaces al artículo:

En pdf 1935

En jpg página 1, página 2 y página 3.

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